Recorrer la Feria de Sevilla en silla de ruedas «es una odisea que merece la pena»

– Helena y Luisa, vecinas de Sevilla con movilidad reducida, hacen balance sobre los ‘pasos dados’ en accesibilidad

MADRID/SEVILLA, 28 (SERVIMEDIA)

Helena y Luisa son dos vecinas de Sevilla que sienten pasión por su Feria, por el flamenco y que se mueven en silla de ruedas. Recorrer las casetas del ferial es todo un reto para ellas al que no se plantean renunciar porque —como aseguran con orgullo— «nos gusta disfrutar de la Feria a tope, sentir la música y bailar en la medida de las posibilidades».

Con la llegada de la Feria de Abril de Sevilla, el Real se engalana cada año para celebrar una semana repleta de música, gastronomía, baile y tradición. La caseta se convierte en el hogar del sevillano; prácticamente ‘se empadrona’ allí durante siete días de rebujtos, bailes y amigos. En esta edición ha habido 1.502 casetas, de las cuales 513 familiares, 519 pertenecientes a entidades, tres municipales, seis de distritos y 11 de servicios.

Helena Gonzalez tiene 59 años y una discapacidad absoluta que le obliga a desplazarse en silla de ruedas. Como presidenta de la Asociación de Mujeres con Discapacidad Funcional de Sevilla (Azaar), trabaja a diario junto a la secretaria de la entidad y gran amiga, Luisa López, de 53 años, también en una silla de ruedas por las secuelas de la poliomielitis.

Cada primavera, cuando la Feria llega a Sevilla, se enfundan en sus trajes de flamenca y hacen su particular ‘paseíllo’ sobre ruedas no exento de obstáculos. «Aunque tengamos una discapacidad no nos vamos a quedar en casa. Nos gusta disfrutar de la Feria a tope, sentir la música y bailar en la medida de las posibilidades», confiesa la presidenta de la asociación en una entrevista a Servimedia.

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Helena y Luisa comparten la pasión por el flamenco dentro de la asociación ‘Flamenco Inclusivo’ que se presenta así con esta evocadora frase: «El flamenco da alas para alcanzar la libertad que todos deseamos». «Es toda una odisea para nosotras que merece la pena», confiesa Luisa. «Aunque vayamos juntas, nunca podemos coger un taxi compartido porque no admiten dos sillas de ruedas y si cogemos un autobús, sucede lo mismo. Solo admite un pasajero con movilidad reducida. De modo que siempre vamos por separado», reconoce con cierta resignación.

Cada año asisten a la recepción oficial de las asociaciones en la caseta municipal. Allí aprovechan —como dice Helena— «para inspeccionar cómo está la Feria en materia de accesibilidad». «Me gusta vivir la fiesta a tope, pero nos va la vida, la calidad de vida me refiero, en cada logro que alcanzamos».

Aunque van ataviadas con sus respectivos trajes de flamenca esta pareja se convierte por un día en las ‘inspectoras de la discapacidad’. Toman nota y capturan con su móvil cada una de las necesidades que aún están por cubrir.

«Me llama la atención la enorme cantidad de puntos de carga para móvil que hay en las casetas y yo que llevo una silla eléctrica encuentro problemas para hacer una recarguita de la batería», se lamenta Luisa. De otro lado, «en la zona de los ‘cacharritos’ (como decimos nosotros) existe una noria accesible a la que podemos subirnos las personas con discapacidad. Pero poco más», apunta su compañera Helena.

MÁS ASEOS ADAPTADOS Y MÁS REBAJES

«Nosotros normalmente vamos con la silla de ruedas por las aceras, que son de albero, porque por la carretera pasan los caballos que tienen un horario. Además, es un pavimento adoquinado y con la silla vas dando botes y te partes la espalda», relata Helena reproduciendo con salero el sonido del traqueteo de la silla. «Hemos conseguido que se hagan rebajes al principio, en el centro y al final de cada acera».

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Poco a poco, la Feria se va tornando más accesible. Este año se han llevado a cabo 20 rebajes nuevos en las aceras del recinto ferial para facilitar el acceso de personas con movilidad reducida (PMR), que se suman a los 50 realizados el año pasado. Todas las calles cuentan con varios puntos por donde cruzar de una acera a otra y se han habilitado dos zonas de aparcamiento para los vehículos acreditados de PMR.

Helena Gonzalez cuenta que otra de las conquistas del colectivo de personas con discapacidad ha sido lograr que se instalen aseos «más allá del perímetro exterior de la Feria». «Pedimos que se pusieran baños también, en el interior del Real y en cada determinado tramo del recorrido», subraya Helena. «En el pasado tenías que ponerte un pañal para aguantar las horas porque no llegabas a tiempo a un aseso adaptado». «A fuerza de negociar mucho con las administraciones lo hemos logrado».

En un paso más hacia la plena inclusión, la popular Calle del Infierno ha mantenido por tercer año consecutivo su horario libre de ruido durante tres tardes para las personas sensibles al sonido alto, especialmente aquellas con trastornos del espectro autista. Estas amigas sevillanas se lamentan de no poder entrar a muchas de las casetas públicas por no disponer de rampas de acceso.

«A veces hay unos módulos mal colocados y se crea un espacio, como un foso, entre la rampa y la puerta que es muy peligroso», apunta Luisa. Helena hace balance de la Feria y recuerda a las instituciones que prometieron que iban a habilitar una especie de ‘carril bici’ para uso exclusivo de las sillas de ruedas y andadores, «y no los hay».

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Está claro que estas dos sevillanas no le bailan el agua a nadie. Con mirada crítica, pero un espíritu positivo y festivo ellas, como el resto de las asociaciones de la discapacidad, logran con sus demandas que la Feria de Sevilla sea cada vez un poco más inclusiva.