Irene Guerrero, campeona mundial con una vida marcada por el ejemplo de superación de sus padres

– Ana Sanmartín y Jesús Guerrero fueron jugadores de baloncesto en silla de ruedas con discapacidad física

– Irene ya defendía de joven la verdadera inclusión: «Mis padres están capacitados y se sienten con orgullo de poder hacer las cosas por ellos mismos»

MADRID, 21 (SERVIMEDIA)

Irene Guerrero es una de las futbolistas que este domingo ganó el Mundial con la selección española femenina. Ella siente pasión por el fútbol desde sus primeros pasos, cuando ya iba acompañada de un balón y de su inseparable camiseta del Betis, el club de sus sueños. La afición se la contagiaron sus padres y también la capacidad de superación.

La competición arrancó favorable para La Roja con victorias holgadas en sus primeros encuentros. Sin embargo, un tropiezo en el último partido de la fase de grupos ante Japón, con derrota 4-0, encendió todas las alarmas. El conjunto supo recomponerse en el choque de octavos y desde aquí arrancó una trayectoria imparable que culminó con la victoria final ante Inglaterra gracias a un zurdazo de la sevillana Olga Carmona. Sin duda, las ‘guerreras’ demostraron una capacidad de superación que Irene ya conocía desde pequeña.

Sus padres, Ana Sanmartín y Jesús Guerrero, ambos con discapacidad física y exjugadores de baloncesto en silla de ruedas, le inculcaron su predilección por el deporte. A pesar de las dificultades, no dudaron en acompañar a Irene a sus partidos, animándola desde las gradas y transmitiéndole el valor del esfuerzo y la capacidad de resiliencia, esenciales en su vida. Así, ellos se convirtieron en su inspiración y apoyo. Para ella son su «ejemplo de superación».

Jesús llegó a disputar unos Juegos Paralímpicos tras su destacado papel como base/escolta en el CD Virgen del Rocío. Lo hizo en 1980 en Arnhem (Holanda), donde el equipo español terminó en 11ª posición de los 17 países participantes. Irene explicaba en una entrevista al programa ‘El Día Después’ de Movistar+ lo que significaba para ella su apoyo.

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«Que yo mire a la grada, lo vea y él me diga a mí un ‘vamos’ o un ‘tranquila’. A mí eso me quita esa mochila con piedras. Él y mi madre son los que me quitan esa responsabilidad y me dicen ‘disfruta, te ha costado tanto llegar hasta aquí’. Yo no cambio la situación con mis padres por otra familia».

Las sillas de ruedas nunca fueron un obstáculo para sus padres ni para la familia. Al contrario, crecieron con ellas y aprendieron a superar cualquier barrera con absoluta normalidad. De hecho, al pasear con ellos por la calle, la gente a veces le reprochaba que no les ayudara. Pero Irene tiene claro el significado de la verdadera inclusión: «No, mis padres están capacitados y ellos se sienten con orgullo de poder hacer las cosas por ellos mismos».

INICIO FUTBOLÍSTICO

Paradójicamente, la andadura futbolística de Guerrero comenzaría con una ‘rebelión’ ante sus padres para que le permitieran practicar el deporte que más le gustaba. Irene relató en aquella entrevista que estaba inscrita en clases de sevillanas, pero se escapaba para jugar al fútbol contando con la complicidad de su profesora. «Cuando yo iba, la veía llena de albero», añadía su madre entre risas, que terminó rindiéndose ante la pasión de su hija y desapuntándola de la academia de baile.

Tiempo después, el encuentro de Guerrero con una leyenda del fútbol español, amigo de su padre, propiciaría el inicio de su formación como futbolista. Rafael Gordillo, jugador histórico del Real Betis y del Real Madrid, era amigo de su padre y descubrió el talento potencial que tenía al verla jugar con tan solo cinco años de edad. Según relató la propia Irene, Gordillo le preguntó: «¿Y tú qué haces que no estás jugando en ningún equipo?». Después de esto, la metió en su equipo de niños y con él estuvo un par de años antes de pasar al fútbol femenino.

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Tras jugar en el Híspalis y en el Azahar, la actual campeona del mundo recaló en el Sevilla. Tan solo un año después de iniciarse en el conjunto hispalense, el equipo de sus sueños volvió a cruzarse en su camino. En 2012 tuvo que tomar una difícil decisión: debutar en primera división con el Sevilla con tan solo 15 años o empezar de cero con el recién nacido Real Betis Féminas.

CUMPLIR UN SUEÑO

A pesar de la valiosa oportunidad, Guerrero lo tuvo claro. «Mi sueño desde pequeña es vestir del Betis, cómo va a existir ahora el Betis y yo no voy a formar parte de él, que yo quiero ser historia del Betis. Yo quería subir al Betis a primera», explicó recordando ese momento durante su entrevista para Movistar.

Cumplió su deseo y el Betis ascendió tras cuatro temporadas en las que Guerrero fue una de las jugadoras clave en el medio campo, lo que valió para conseguir el brazalete de capitana. Tras ocho años en el club, fichó por el Levante U.D. en busca de nuevos desafíos, como su debut en Liga de Campeones. Esta pasada temporada firmó un nuevo contrato hasta 2025 con el Atlético de Madrid.

El segundo gran triunfo de Guerrero en este curso -después del mencionado Mundial de este domingo- fue la Copa de la Reina. El pasado mes de mayo el conjunto rojiblanco se alzó con la victoria ante el Real Madrid, en un partido que las del ‘Atleti’ consiguieron remontar en los últimos minutos para poner la guinda en la tanda de penaltis, con tanto de Guerrero incluido.

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Tras esto, Guerrero pasó a concentrarse con la selección para el esperado Mundial. El seleccionador, Jorge Vilda, le otorgó una de las tres capitanías y Guerrero aprovechó los minutos que le concedió en tres de los encuentros que España ha disputado en Australia hasta alzarse con el trofeo de campeonas.

Jesús, su padre, no estaba allí para presenciar el triunfo de su hija este domingo, pues falleció en 2019. Irene llegó a la final sabiendo que en el cielo tenía una estrella que la observaba con orgullo por el hito conseguido. Algo parecido a Olga Carmona, la otra jugadora sevillana que marcó el gol de la victoria en Australia sin saber que su padre había muerto horas antes y que recibió la noticia de la familia después de levantar la copa.

La madre de Irene sí asistió a al final, como la reina Letizia y la infanta Sofía. Ana Sanmartín estuvo presente con la silla de ruedas junto a sus otros dos hijos (Ana y Jesús, mayores que Irene). Su hermano era quien de pequeño vestía la camiseta nacional por la enorme afición que les inculcaron sus padres. Pero ahora es Irene quien viste la camiseta roja oficial y, con el resto de las compañeras, ha hecho historia por partida doble al ganar el Mundial de fútbol femenino para España y al extender por el país su ejemplo de igualdad e inclusión.